jueves, 6 de marzo de 2014

Viajar para contar la historia

Testimonio de Florencia Cataldo, 21 años, estudiante de Historia (UBA)

"En enero del 2010 viajé a Cuba 15 días con mi familia. Primero fuimos a Cayo Largo, que es una pequeña isla dentro del país, luego a Varadero y ahí alquilamos un auto y conocimos varias ciudades como Santa Clara y Trinidad y finalmente estuvimos cuatro días en La Habana.
 En la primera isla hicimos playa únicamente porque el lugar está preparado exclusivamente para eso. Tiene nada más que seis, siete hoteles, un pequeño centro para comprar pocos artículos y una reserva con algunos animales. Los primeros días tuvimos mucho frío, porque si bien en el Caribe siempre hace calor, justo había un temporal y la temperatura era de alrededor de cinco grados. Aparte el hotel no está preparado para este tipo de climas porque está todo abierto.
 Después el tiempo mejoró y pudimos descansar y disfrutar más la playa, las cuales pueden ser visitadas solamente por extranjeros. No hay cubanos excepto el personal contratado que trabaja allí. Ellos son trasladados desde sus ciudades de origen por veinte días y luego vuelven a sus lugares. En Cayo Largo estábamos en una burbuja de la que después saldríamos, al seguir viajando y enterarnos de más cosas.
 Luego fuimos a Varadero, pero prácticamente no estuvimos allí porque recorrimos otras ciudades.
 A diferencia del primer lugar, hay una población cubana que está del otro lado de la costanera.
 Por un lado, está la costa donde solo pueden ingresar los viajeros y por el otro las casas muy humildes. Es un contraste muy fuerte ver a los hoteles lujosos frente a las viviendas precarias. De todos modos ahí pasamos un día donde estuvimos en la playa y visitamos el centro porque después fuimos a conocer Trinidad y Santa Clara. Un episodio que me llamó mucho la atención fue cuando, en un bar, un cubano se acercó a hablarle a unos extranjeros y la política le hizo señas para que circulara y se fue. Como son muy cálidos a uno le surge hablar con ellos pero lo tienen prohibido. Por ejemplo en la Habana, lugar que recorreríamos después, cuando visitamos la Heladería Copellia, un policía nos marcó que fuéramos al sector de extranjeros que estaba separado del de la población del lugar. Fue bastante desilusionante porque cualquier persona que va a un sitio quiere estar donde se mueve la gente del país.
 Cuando fuimos a Varadero y alquilamos un auto recogíamos gente en la ruta y los llevábamos porque uno de los problemas que hay es la escasez de transporte. Hay pocas líneas de colectivos y uno de las más comunes es el wa-wa, que usan para ir a trabajar pero no tiene una gran frecuencia y lo utiliza muchísima gente. Ahí aprovechábamos para charlar con ellos y nos dábamos cuenta de que están bastante desconectados de todo. Por ejemplo ven una cámara digital y piensan que sos millonario. Una chica quería comprar mi cámara para sacarle fotos a su hija y estaba entusiasmadísima con tenerla porque allá no se puede conseguir.
 En La Habana, que es donde hay mayor población nativa, es muy común que chicas de mi edad embarazadas pidan que les compres leche. Ellos, a diferencia de los argentinos, no piden plata. Una vez fuimos a comprarla pero como notaron que éramos extranjeros nos la cobraron en Cook, que es la moneda para turistas y es equivalente al dólar, en vez de la cubana, debido a que esta de uso exclusivo para los que viven allí, por lo que nos salió mucho más caro. Esta misma joven nos contó que a su marido le habían dado cinco años de prisión por vender comida ilegal en la calle y que estaba sola con los hijos y no tenía para comer. Fue bastante decepcionante porque, en mi caso por lo menos, uno va sabiendo que es un país comunista pero tiene la esperanza de que, al margen de todas las falencias, la mayoría o todos tuvieran trabajo y comida pero no es así. Si bien la ciudad es hermosa es muy crudo ver tanta pobreza.
 Este viaje lo hice hace dos años y aún no había empezado mi carrera y realmente este tipo de experiencias te cambian un poco la forma de pensar. El comunismo es muy ideal y utópico y las intenciones tal vez fueron buenas pero no son posibles en un mundo capitalista. El sistema se cuela siempre, por ejemplo en la televisión cubana hay canales para ellos y para extranjeros pero en los educativos le preguntan a un nene cuál es su película favorita y él va a responder La Sirenita. Es imposible que se puedan aislar de eso.
 Me gusta mucho viajar porque te muestra cosas que no podés leer en ningún lado ni ver en ninguna foto. Ojalá pueda seguir recorriendo especialmente América Latina que es lo que más me interesa, y conocer la historia y poder contarla"

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