Cuando una persona sufre estrés tiende a tomar dos actitudes completamente opuestas: ignorar o exagerar la situación. En la primer postura se suele aludir a que no se puede evitar estar así, que es normal por las presiones del trabajo, familia y etc o simplemente pensar que ya pasará y que todo estará mejor. En la segunda se tiene una preocupación excesiva ante el mínimo síntoma al punto de que se puede llegar a automedicar o sentirse aún peor dada su alerta exagerada por el tema. Ninguna de las dos posturas es la ideal pero la pregunta que surge es: ¿qué es el estrés?.
En 1936 el doctor Hans definió al estrés como una respuesta no específica del organismo ante cualquier demanda que se haga. Es la acumulación de presiones normales y anormales de la vida diaria, que ponen a prueba la habilidad del individuo para enfrentarlas.
Por lo tanto no siempre es malo, el tema es saber manejarlo y que no nos enferme. Ahí está el punto de que cada individuo es diferente, por eso ante situaciones de vida similares las reacciones son antagónicas.
Es crucial que la persona intente tomar distancia de la situación que lo estresa, tratar de analizar posibles soluciones para hallar resultados más positivos como también realizar actividades que lo hagan sentir mejor como puede ser algún deporte o una actividad de relajación como la meditación. Por ejemplo el cirujano cardíaco del Centro Médico Holy Cross en Fort Lauderdale Alexander G Justicz de 53 años practica kiteboarding. ”Hacer este deporte me ayuda a comenzar una rutina de ejercicios que incluye correr y montar bicicleta, los cuales son importantes para controlar el estrés”.
Es fundamental también incorporar el concepto de realizar alguna actividad cuyo único objetivo sea el placer que nos provoca.
Hay una especialidad médica que une psicología, inmunología, neurología y endocrinología llamada PINE, que analiza cómo el estrés afecta cada uno de estos sistemas y genera enfermedades como el cáncer o los infartos.
Según la Asociación Americana de Psicología, el estrés crónico está vinculado a las seis principales causas de muerte: enfermedades del corazón, cáncer, enfermedades del pulmón, accidentes, cirrosis hepática y suicidio. Más del 75 por ciento de las visitas a la oficina del médico responden a dolencias o quejas relacionadas con el estrés.
Es fundamental también tener en cuenta que el estrés no solo puede afectar a los adultos sino también a los más chicos. En numerosos casos la presión por la familia por el rendimiento escolar y porque realice múltiples actividades físicas o extra escolares los termina angustiando. La razón por la que muchas veces tengan tantas ocupaciones se debe a que los padres trabajan o simplemente porque consideran que es lo mejor para sus hijos y también a veces los mismos chicos manifiestan querer hacerlas.
Este tipo de actividades son muy placenteras, fundamentalmente para los niños hiperactivos que se aburren fácilmente y pueden llegar a deprimirse, pero a algunos chicos les provoca estrés. Medicina plus explica: “es erróneo creer que la infancia es una etapa de diversión, juego y felicidad, y aunque así debería ser, lo que pocos comprenden y notan es que los niños pueden sufrir situaciones que para ellos son problemas y los llevan a vivir momentos de estrés. El problema es que por su corta edad no saben explicar lo que les sucede.”
Los síntomas físicos para estar alertas son: cuando los pequeños lloran sin causa alguna, tienen sudor en las palmas de las manos y/o dolores de cabeza y de estómago, se tuercen o arrancan los cabellos, se muerden las uñas. En algunos casos pueden llegar a orinarse, tener perturbación del sueño o pesadillas.
La dificultad radica en que muchas veces no hay una coincidencia en las preocupaciones del chico sobreestimulado y su corta edad. Como bien ejemplifica Tartaglione: “pueden estar preocupados por el gobierno de la nación y temerle a los monstruos de noche”


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