martes, 18 de marzo de 2014

Si no haces nada también sos parte

“Cuando era chiquita me dejaban de lado. En primaria, como era muy buena alumna, me envidiaban y me sacaban las cosas. Con los años, las agresiones empeoraron. Mis compañeros me comparaban con una chica gorda de la televisión, me empujaban, me tiraban del pelo y hasta me sacaban fotos para luego “escracharme” en los fotologs. Ningún adulto del colegio me defendió. Pensaban que era la que tenía problemas para relacionarme con los demás. En quinto año comencé con ansiedad, ataques de pánico y depresión y aún continúo en tratamiento” cuenta Cintia Acerbis que tiene 21 años y lidera el grupo No + Bullying Argentina que convoca a más de 23.800 seguidores en Facebook.
Organizan charlas y talleres para chicos que sufren el problema –el próximo encuentro es el 12 de abril en el Obelisco, a las 15 hs– y también para los padres. Su consigna es terminar con el acoso. Es que pese a que el problema existe hace mucho tiempo recién hace poco se empezó a tomar conciencia de la gravedad del mismo.
La pregunta que surge es: ¿qué es el bullying? Según definió la psicóloga Silvia Ranni: “Es una conducta de hostigamiento reiterado y que básicamente consiste en infundir miedo. El término puede traducirse al castellano como intimidación, incluso bully se traduce como matón, es decir alguien que procura intimidar a los demás. Este comportamiento está dirigido hacia otro que se convierte en blanco de reiterados ataques. Es un proceder prolongado de insultos, intimidación, rechazo, y/o agresión física hacia el otro. Una característica del bullying es la relación asimétrica de poder, es decir que se establece un desequilibrio de fuerzas. El hostigado queda a merced de su hostigador y su dolor no se limita al momento del ataque sino que es sostenido más allá de esos momentos de agresión”.
Durante el año pasado, según un informe de la Secretaría de Niñez y adolescencia bonaerense, se trataron 46 casos de bulliyng o acoso escolar por el Sistema de Promoción y Protección de Derechos del Niño. Es decir, un promedio de más de tres episodios por mes pero, teniendo en cuenta que numerosos casos no se denuncian, probablemente sean muchos más.
En septiembre de ese mismo año fue sancionada y promulgada la “Ley contra el bullying” para el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas y a su vez, existe una guía de orientación para que los docentes bonaerenses sepan cómo actuar ante casos de esta índole. Es crucial la formación de los maestros al respecto porque, como bien puntualizó el año pasado la INADI: “la escuela es el ámbito donde más se discrimina en el país. El 54% de los niños fue víctima o vio un hecho de discriminación aunque solo el 8% lo denunció”.
Es alarmante que como en el caso de Cintia y tantos otros, los docentes sean los últimos en enterarse porque son quienes pueden ayudar al chico: ya sea a través de la educación de él y sus compañeros como también al hablar con sus padres para poder mejorar esta situación.
Cada niño suele tener un rol que difiere en su entorno familiar, en el de sus amistades fuera del colegio y en el de sus pares escolares.  Si su papel es el  de hostigador o acosado, es crucial poner el enfoque en evaluar la razón de estas conductas tan opuestas y cómo modificarlas. En numerosos casos se culpabiliza al chico, que aparenta ser retraído, de tener problemas para socializar cuando su actitud se puede deber a una fuerte discriminación que sufra por parte de sus compañeros, cuando intenta interactuar con ellos.
Bella Rosa Flores, directora del Colegio Técnico San Agustín de Luque, identificó a la violencia intrafamiliar como un estilo de vida que produce actitudes negativas en la conducta de los jóvenes y niños, que finalmente desencadenan en el acoso escolar, lo cual buscan combatir con la implementación de un proyecto comunitario. Este fomenta la promoción y vivencia de los valores humanos mediante la institucionalidad con el programa Navap, de las siglas “No a la violencia, Amor, Verdad, Acción correcta y Paz,” que es una actividad educativa que nace en el 2006 en el instituto de Luque.  ”Actualmente se ven situaciones de falta de respecto y eso perjudica notablemente a niños y jóvenes. Es por eso que  con este programa condenamos rotundamente comportamientos violentos, identificando la problemática a fin de extraer y trabajar personalizadamente con esos casos”.
Además las consecuencias de haber sufrido acoso escolar repercuten en el futuro. Según uno de los trabajos liderados por el Hospital de Niños de Boston y publicado recientemente en la revista científica Pediatrics, el 45 % de los chicos sometidos regularmente a bullying presentaron a largo plazo un bajo nivel de bienestar emocional. Otra investigación de 2013, publicada en JAMA Psychiatry, siguió a 1.420 chicos entre los 9 y los 26 años, y detectó que quienes habían sido víctimas de hostigamiento durante la infancia tenían 4,3 veces más probabilidades de sufrir depresión y trastornos de la ansiedad en la adultez.
A la vez es importante el accionar que tiene la familia cuando el chico comete bullying. Un caso que advirtió sobre esto, fue el de una joven que cometió bullying en las redes sociales y su madre decidió colgarle un cartel pidiendo perdón por lo que había hecho. Además la joven tuvo que donar a una organización sin fines de lucro y vender sus equipos electrónicos.  María Zysman, titular de Libres de Bullying,  apuntó que el castigo no sirve porque lo importante es educar. “El problema en esta forma de educación de la familia es que en la desesperación por no saber que hacer y como frenar a los chicos, termina sin pensar en que tienen que volver a la escuela y van a quedar muy expuestos. Los padres y la escuela deben trabajar juntos y dejar de acusarse mutuamente, para lograr una mejor convivencia y que el bullying baje su incidencia”.
Uno de las causas principales por las que el bullying comenzó a mostrarse más fue por la aparición de las redes sociales, las cuales pueden tornarse herramientas perjudiciales cuando su fin es humillar al otro. Hace pocos años con la creación de Facebook comenzaron a multiplicarse páginas burlándose de otra persona, colgando fotos al sitio y frases muy agresivas hacia el individuo en cuestión como también videos donde se los agrede verbal y/o físicamente . También se suben videos que se filman con cualquier dispositivo electrónico, que hoy en día cualquier adolescente tiene. Estas numerosas escenas de golpizas protagonizadas fuera del horario escolar, tanto por parte de hombres como de mujeres, empezaron a alertar sobre las consecuencias del acoso escolar.
En los casos más trágicos, algunos chicos llegaron al suicidio como el argentino Victor Felletto, de tan solo doce años. El era muy estudioso pero su mamá había pedido que le permitieran no asistir a educación física porque recibía maltratos físicos de algunos de sus compañeros. Según su familia, el niño tuvo que ir al hospital por los golpes sufridos en dos caídas durante clases de gimnasia, pero ni la directora ni el profesor de educación física le dieron importancia al tema y le dijeron que si no iba a gimnasia perdería el año. Un viernes al mediodía, luego de que su madre acudiera al establecimiento a conversar con los directivos, Víctor se quitó la vida. Lo crucial es prevenir y actuar para que estos casos no ocurran nunca más.“Cuando era chiquita me dejaban de lado. En primaria, como era muy buena alumna, me envidiaban y me sacaban las cosas. Con los años, las agresiones empeoraron. Mis compañeros me comparaban con una chica gorda de la televisión, me empujaban, me tiraban del pelo y hasta me sacaban fotos para luego “escracharme” en los fotologs. Ningún adulto del colegio me defendió. Pensaban que era la que tenía problemas para relacionarme con los demás. En quinto año comencé con ansiedad, ataques de pánico y depresión y aún continúo en tratamiento” cuenta Cintia Acerbis que tiene 21 años y lidera el grupo No + Bullying Argentina que convoca a más de 23.800 seguidores en Facebook.
Organizan charlas y talleres para chicos que sufren el problema –el próximo encuentro es el 12 de abril en el Obelisco, a las 15 hs– y también para los padres. Su consigna es terminar con el acoso. Es que pese a que el problema existe hace mucho tiempo recién hace poco se empezó a tomar conciencia de la gravedad del mismo.
La pregunta que surge es: ¿qué es el bullying? Según definió la psicóloga Silvia Ranni: “Es una conducta de hostigamiento reiterado y que básicamente consiste en infundir miedo. El término puede traducirse al castellano como intimidación, incluso bully se traduce como matón, es decir alguien que procura intimidar a los demás. Este comportamiento está dirigido hacia otro que se convierte en blanco de reiterados ataques. Es un proceder prolongado de insultos, intimidación, rechazo, y/o agresión física hacia el otro. Una característica del bullying es la relación asimétrica de poder, es decir que se establece un desequilibrio de fuerzas. El hostigado queda a merced de su hostigador y su dolor no se limita al momento del ataque sino que es sostenido más allá de esos momentos de agresión”.
Durante el año pasado, según un informe de la Secretaría de Niñez y adolescencia bonaerense, se trataron 46 casos de bulliyng o acoso escolar por el Sistema de Promoción y Protección de Derechos del Niño. Es decir, un promedio de más de tres episodios por mes pero, teniendo en cuenta que numerosos casos no se denuncian, probablemente sean muchos más.
En septiembre de ese mismo año fue sancionada y promulgada la “Ley contra el bullying” para el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas y a su vez, existe una guía de orientación para que los docentes bonaerenses sepan cómo actuar ante casos de esta índole. Es crucial la formación de los maestros al respecto porque, como bien puntualizó el año pasado la INADI: “la escuela es el ámbito donde más se discrimina en el país. El 54% de los niños fue víctima o vio un hecho de discriminación aunque solo el 8% lo denunció”.
Es alarmante que como en el caso de Cintia y tantos otros, los docentes sean los últimos en enterarse porque son quienes pueden ayudar al chico: ya sea a través de la educación de él y sus compañeros como también al hablar con sus padres para poder mejorar esta situación.
Cada niño suele tener un rol que difiere en su entorno familiar, en el de sus amistades fuera del colegio y en el de sus pares escolares.  Si su papel es el  de hostigador o acosado, es crucial poner el enfoque en evaluar la razón de estas conductas tan opuestas y cómo modificarlas. En numerosos casos se culpabiliza al chico, que aparenta ser retraído, de tener problemas para socializar cuando su actitud se puede deber a una fuerte discriminación que sufra por parte de sus compañeros, cuando intenta interactuar con ellos.
Bella Rosa Flores, directora del Colegio Técnico San Agustín de Luque, identificó a la violencia intrafamiliar como un estilo de vida que produce actitudes negativas en la conducta de los jóvenes y niños, que finalmente desencadenan en el acoso escolar, lo cual buscan combatir con la implementación de un proyecto comunitario. Este fomenta la promoción y vivencia de los valores humanos mediante la institucionalidad con el programa Navap, de las siglas “No a la violencia, Amor, Verdad, Acción correcta y Paz,” que es una actividad educativa que nace en el 2006 en el instituto de Luque.  ”Actualmente se ven situaciones de falta de respecto y eso perjudica notablemente a niños y jóvenes. Es por eso que  con este programa condenamos rotundamente comportamientos violentos, identificando la problemática a fin de extraer y trabajar personalizadamente con esos casos”.
Además las consecuencias de haber sufrido acoso escolar repercuten en el futuro. Según uno de los trabajos liderados por el Hospital de Niños de Boston y publicado recientemente en la revista científica Pediatrics, el 45 % de los chicos sometidos regularmente a bullying presentaron a largo plazo un bajo nivel de bienestar emocional. Otra investigación de 2013, publicada en JAMA Psychiatry, siguió a 1.420 chicos entre los 9 y los 26 años, y detectó que quienes habían sido víctimas de hostigamiento durante la infancia tenían 4,3 veces más probabilidades de sufrir depresión y trastornos de la ansiedad en la adultez.
A la vez es importante el accionar que tiene la familia cuando el chico comete bullying. Un caso que advirtió sobre esto, fue el de una joven que cometió bullying en las redes sociales y su madre decidió colgarle un cartel pidiendo perdón por lo que había hecho. Además la joven tuvo que donar a una organización sin fines de lucro y vender sus equipos electrónicos.  María Zysman, titular de Libres de Bullying,  apuntó que el castigo no sirve porque lo importante es educar. “El problema en esta forma de educación de la familia es que en la desesperación por no saber que hacer y como frenar a los chicos, termina sin pensar en que tienen que volver a la escuela y van a quedar muy expuestos. Los padres y la escuela deben trabajar juntos y dejar de acusarse mutuamente, para lograr una mejor convivencia y que el bullying baje su incidencia”.
Uno de las causas principales por las que el bullying comenzó a mostrarse más fue por la aparición de las redes sociales, las cuales pueden tornarse herramientas perjudiciales cuando su fin es humillar al otro. Hace pocos años con la creación de Facebook comenzaron a multiplicarse páginas burlándose de otra persona, colgando fotos al sitio y frases muy agresivas hacia el individuo en cuestión como también videos donde se los agrede verbal y/o físicamente . También se suben videos que se filman con cualquier dispositivo electrónico, que hoy en día cualquier adolescente tiene. Estas numerosas escenas de golpizas protagonizadas fuera del horario escolar, tanto por parte de hombres como de mujeres, empezaron a alertar sobre las consecuencias del acoso escolar.
En los casos más trágicos, algunos chicos llegaron al suicidio como el argentino Victor Felletto, de tan solo doce años. El era muy estudioso pero su mamá había pedido que le permitieran no asistir a educación física porque recibía maltratos físicos de algunos de sus compañeros. Según su familia, el niño tuvo que ir al hospital por los golpes sufridos en dos caídas durante clases de gimnasia, pero ni la directora ni el profesor de educación física le dieron importancia al tema y le dijeron que si no iba a gimnasia perdería el año. Un viernes al mediodía, luego de que su madre acudiera al establecimiento a conversar con los directivos, Víctor se quitó la vida. Lo crucial es prevenir y actuar para que estos casos no ocurran nunca más.
Como dice el cantante Emanero en su canción No al bullying ( que formó parte del spot televisivo No más bullying):  ”Si querés hacer algo extendeme tu mano, escuchá mi grito y ponete en la piel de este ser humano, necesito que sientas como siento y enterate que:  Si vos no haces nada también sos parte”.


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