jueves, 6 de marzo de 2014

Mi médico no me dijo que las anticonceptivas podían causar ACV

Miriam Rosana Villarreal tiene 43 años, es docente de cuarto grado en la escuela Nº 15 D.E. 19º "Evaristo Carriego", y es una sobreviviente. Siete años atrás, mientras intentaba ponerle una mala nota a un alumno, sufrió un ACV que la dejó hemipléjica, amnésica y con problemas del habla. La causa: el consumo prolongado de pastillas anticonceptivas.
-¿Tuviste síntomas previos?
-Los síntomas estaban pero no me di cuenta que los tenía hasta después del ACV. Sufría todo el día de fuertes dolores de cabeza y no había analgésico que los parara. A veces también se me dormía el brazo derecho.
-¿Recordás el momento en que te agarró el ACV?
-Sí. Estaba dando clases. Quise poner una mala nota y cuando pensé en agarrar la lapicera, el brazo derecho no me respondió, no tenía fuerza. No me afectó el habla en el momento. Cuando volví a mi casa, quise agarrar la bífera para hacerle de comer a mis hijos y la mano siguió sin responder. Ya para ese momento me sentía rara. Hice la comida con la mano izquierda y llamé al médico. Cuando vino la ambulancia, le abrí la puerta y los médicos notaron que rengueaba. Ni siquiera me había dado cuenta de eso. Me hicieron acostar, me tomaron la presión, me dijeron que estaba normal. Entonces me pincharon los dedos y no sentí dolor. Fue ahí cuando me dijeron que me iban a tener que trasladar.
-¿Cuáles fueron las causas de tu ACV?
-El consumo prolongado de pastillas anticonceptivas combinado con el estrés. Yo las había tomado durante cinco años sin descansar porque me habían recetado las que no tenían descanso. Eso provocó que se me engrosara la sangre, lo que provocó un coagulo en el cerebro que se retuvo unos segundos, dañó un poco el cerebro y luego se disolvíó. Cuando tuve el ACV, el médico me dijo que mi caso había sido uno en un millón. Pero estaba equivocado. Ahora se comprobó que es más habitual que pase, sobre todo en mujeres jóvenes.
-¿Cómo fue el tratamiento?
-Como quedé hemipléjica del lado derecho, un poco amnésica y con algunos problemas para pronunciar ciertas palabras porque el cuagulito del ACV pasó por el lado izquierdo del cerebro, el tratamiento consistió en visitas a una neuróloga y un fisiatra que me derivó a un kinesiólogo, un terapista ocupacional, una fonoaudióloga y una psicóloga.
-¿Cuánto tiempo duró?
-En total, seis meses, pero podría haber sido más. En lugar de las dos horas diarias mínimas que me aconsejaban, yo hacía ocho horas de rehabilitación con los médicos y después continuaba practicando en mi casa. Quería volver a ser yo misma rápido.
-¿Qué te hacían?
-En kinesiología tratábamos la parte de rehabilitación de los músculos, aprehensión y  coordinación. La terapeuta ocupacional lo que me enseñó fue a cortar, escribir y manejarme con la mano izquierda por si no recuperaba la fuerza en la derecha. Después estaba la fonoaudióloga, que me ayudaba con la pronunciación, y la psicóloga, con la que trabajamos el por qué había tenido el ACV y las angustias que me provocaban ciertas "lesiones". Cuando no podía pronunciar o no recordaba algo me ponía mal y lloraba. El que hacía la evaluación general de mi estado era el fisiatra, con el que me reunía una vez por semana. Él me indicaba qué cosas tenía que seguir haciendo y qué cosas tenía que dejar; también en qué enfocarme, como por ejemplo aprender a retener párrafos en lugar de querer leer todo un libro de una.
-Volviste a trabajar. ¿Cuánto tiempo después del acv?
-Apenas terminé el tratamiento. Aunque el fisiatra no quería, volví a trabajar directamente con los chicos, que fueron los que de alguna manera me motivaron a volver al trabajo. Él quería que yo hiciera tareas livianas pero le dije que si no estaba con los chicos, no me iba a recuperar.
-¿Te asignaron a alguien para que al menos te acompañara?
-No, en ese momento la escuela privada era un desastre. Volví con un certificado médico que decía que si bien tenía el alta médico, necesitaba usar unas lapiceras con una goma especial para poder agarrarlas y que no se me sobre-exigiera y se me respetaran los límites. Nunca lo hicieron. En el momento no lo discutí pero sí lo hice a fin de año porque me dijeron que mi rendimiento no había sido como los años anteriores y ahí les recordé que eso era normal porque recién había salido de un ACV. Ahí se callaron y no me dijeron nada más.
-¿Qué rescatás de lo que te pasó?
-Que es mentira cuando dicen que el ACV te agarra de golpe. A mi el cuerpo me fue avisando. Si yo le hubiera dado importancia a todas esas cosas que me venían pasando desde hacía meses, quizás no lo hubiera sufrido.
-Además está la falta de información, ¿no?
-Por supuesto. Jamás me había enterado que era necesario un descanso con las pastillas, ni que éstas provocaban ACV. Mi ginecólogo cuando le pedí las pastillas me dijo que no había ningún problema y que no causaba nada. Ahora se sabe que de cada 10 chicas, 5 tienen ACV por las píldoras. Cada un año hay que dejar un mes de tomar las pastillas. Es fundamental y es lo que no te dicen los médicos.
-¿Tuviste problemas para reinsertarte en la sociedad?
-Un poco sí. Como sentía que la gente me miraba, me iba directamente a mi casa. No dejaba que me vieran ni siquiera mis amigas. Tampoco participaba de reuniones. No quería avergonzar a mis hijos y marido. Mi reinserción se produjo gracias al apoyo del equipo médico que me trató, que todo el tiempo me dio fuerzas para seguir adelante.

                                                                                                       Agustina Cavallo

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