Es la primera vez que la dupla Pepe Cibrián y Ángel Mahler escribe una obra costumbrista y con música de tango, inspirándose en la historia de la rubia Mireya. Cibrián escribió el guión y Mahler las letras y canciones. Fue una apuesta fuerte e innovadora que, si bien disfruté ir a ver, no pude evitar que me dejara un sabor agridulce.
La nueva versión trata de Mireille, una huérfana que vive en un conventillo al cuidado de sus tíos y que comparte su vida con su entrañable amigo Miguel. Ambos sueñan con triunfar como artistas, hasta que ella conoce a un malvado galán, que la terminará llevando por los caminos más miserables del ser humano de la mano de las drogas y la prostitución privándola de toda la inocencia que tenía.
Luego se enamora de otro seductor pero él es bueno y la quiere e incluso hará lo posible por hacerla brillar como una estrella. Sin embargo la diferencia de clases sociales son muy marcadas, debido a que él pertenece a la clase social acomodada Alvear, y no tardarán en hacerse notar.
Gabriela Bevacqua, quien es la protagonista principal de la obra y que interpreta a Mireille, canta espectacularmente bien, tiene una voz potente y arrabalera que en las últimas escenas cobrará notoriedad. “El punto fuerte de la obra es la interpretación de la actriz como Mireya, adueñándose del personaje de tal forma, que es difícil imaginar a otra actriz en su lugar” opinó el espectador crítico de teatro musical. Sin embargo disiento de eso debido a que si bien toda la obra transcurre en torno a ella, durante la transformación de aquella joven ingenua hasta la mujer cantante de cabaret, no noto cambios sustanciales en cuanto a su postura corporal ni a su forma de desenvolverse.
Solo hay ligeras modificaciones en el tono de voz y el diseño de vestuario que si bien es acorde a la clase social y a la época, no tiene grandes cambios en la protagonista cuya metamorfis será tal que ella misma jugará por momentos que es Mireille y en otros que es Mireya. Hay episodios terriblemente intensos que le toca vivir que no se transmiten en la expresión de su semblante. Conmociona su interpretación más bien por lo que le ocurre al personaje en sí, que por su actuación en particular.
Exactamente lo contrario sucede con el personaje de Miguel interpretado por Leandro Gazzia. En principio es un papel secundario debido a que su accionar se basa en acompañar a la protagonista en los momentos más cruciales de su vida pero logra catalogarse como el mejor actor de la obra. Al finalizar el espectáculo fue el personaje más ovacionado por el público. El logra darle la dosis de humor necesaria a este drama, es absolutamente querible y natural ya que su voz y su performance actoral son impecables. Es muy expresivo y tiene gracia tanto en su andar como en su forma de bailar.
Un defecto grave del espectáculo es la poca importancia que le dieron a la coreografía de tango. Si bien en esta obra no cantan y bailan continuamente, como ocurre con otros musicales, su historia está inspirada en un tango por ende el hincapié fuerte debería ser en este ritmo con su respectivo baile. Sin ser una experta en el género puedo notar que los bailarines bailan un par de solos y no mucho más que eso, sin lucir las piezas de tango que son tocadas en el espectáculo, lo cual es una pena porque las canciones son bellísimas y son muy bien interpretadas por los personajes.
Respecto a la escenografía coincido en parte con lo analizado por el periodista Pablo Mascareño: “La escenografía de René Diviú plantea un espacio despojado con sutiles referencias de época”. Quizás no lo hubiera hecho tan despojado en las escenas de baile pero, en líneas generales, creo que es una muy buena elección.
Me conmovió la triste historia de Mireya aunque me costó creerme el final debido a que me pareció demasiado rebuscado y fatalista, para lo que suponía que hubiera hecho la protagonista en esa situación. Según Ángel Mahler: “No es un final glorioso pero la termina dejando muy parada. Se pueden entender las elecciones que tomó en su vida y uno la termina queriendo”. Coincido en lo segundo porque es inevitable encariñarse con Mireya porque, pese a su carácter áspero, en el fondo es una mujer que solo sueña con encontrar la felicidad y el verdadero amor.
Si bien le realicé algunas críticas muy negativas a la obra debo admitir que me atrapó intensamente de principio a fin.


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