jueves, 20 de marzo de 2014

El público quiere ser parte del show

Cuatro comediantes se suben al escenario del Teatro Konex para improvisar una situación elegida por nosotros, el público, con un papelito indicando un título tentativo. De todos modos este probablemente disparará a un tópico completamente disímil del que se había pensado. Podemos sentir que formamos parte de este elenco actoral, debido a que como si fuéramos directores de esta obra teatral, somos los que damos el nombre del capítulo del guión como a su vez optamos por el estilo en que será interpretado (que puede ser desde marioneta hasta doblaje sin subtítulos).
En esta hora y media, además de los aplausos y de las frases por lo bajo, dignas de todo espectáculo artístico, podremos participar durante el propio show en sí ante el estilo “última palabra” donde los actores interrumpen sus diálogos y harán pausas que serán aprovechadas por el espectador para elegir como continúa la historia. Los comediantes irán eligiendo de los espectadores al azar, y así se irá recreando la escena.
Luciano Barreda, Paula Farías, Rodrigo Bello y Charo López son cuatro actores que empezaron a formar parte de Improcrash actuando en San Clemente en un pequeño sector del restaurant “La Marca” ante no más de cincuenta personas y actuar en teatros locales como el Ateno, El Konex hasta llegar a realizar giras por Europa. De hecho durante estas semanas están actuando en el Velma Café.
La clave de que la improvisación cada vez tenga más adhesión en la gente es que logra empatía por la cercanía con el público y el actor debido a que se comunican para no sólo formar parte del mismo espectáculo, si no que ambos participan en el desarrollo del mismo. Nunca hay dos funciones iguales en una improvisación, pese a que los actores no cambian o que los temas se repitan, siempre son diferentes. Creo que vale realmente la pena ver este show porque aparte de pasar un rato agradable por ser un espectáculo realmente muy cómico y con actuaciones muy bien logradas, consigue que uno por un rato juegue a ser un actor.
“Me gusta actuar lo que se me vaya ocurriendo: soy una unidad autogestiva de la comunidad” explica el actor de Improvisa2 Gabriel Ávila. Ellos utilizan el mismo procedimiento a la hora de impovisar y resalta que lo especial de la improvisación con otras formas de actuación es que se hace en escena con colaboración del público, por lo que cada función es única e irrepetible, distinto a lo que ocurre en otro género de teatro.
En el Stand Up también se interactúa con el público debido a que se le suelen hacer preguntas y también se logra la identificación de la gente por que se actúan situaciones cotidianas. En el Stand Up el actor suele contar vivencias personales o temas cliché pero que le afecten indirecta o directamente a él. Según el capocómico uruguayo Martín Rocco, quien realiza Stand Up hace dos décadas: “lo que uno hace es tener una mirada sobre lo que está comentando que varía entre crítica, burlona y absurda”. Él tiene facilidad por el producto góndola por su pasado publictario. “De todos modos lo importante es que el trabajo se vuelva más íntimo. Si al que está en el escenario no le pasa nada con lo que cuenta, al público tampoco. La gente se tiene que identificar por lo racional o lo emotivo” explica.
El Stand Up comedy surgió en la depresión económica de los Estados Unidos en 1929. Debido a la falta de empleos y la pobreza los cómicos no tenían ni en qué sentarse: de ahí su nombre Stand Up comedy que significa literalmente comedia parada. Los comediantes parados hablaban de su lucha diaria por conseguir el pan, de las peleas domésticas por su propia ropa. Es decir ellos cuentan su propia vida. De hecho siempre la gracia de este género es que se centralicen en los aspectos tragicómicos de su vida o también en rasgos físicos y no que cuenten lo maravillosa de su existencia. “Lo que tiene el Stand Up es que uno debe armarse sus textos bajo su propia mirada” argumentó Diego Reinhold quien participó de Cómico que fue el primer espectáculo que se denominó Stand Up. Es decir el actor es quien hace su propio guión y tiene muy poco de improvisación.
La proliferación de espectáculos de este género no es casual sino que se debe a una era donde lo privado se vuelve público. Esto se nota, por ejemplo, en el uso  y abuso que se les da a las redes sociales a la hora de compartir información de la vida íntima hasta ahondar en detalles innecesarios de la rutina diaria.



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