Las presiones a Yrigoyen y su ambivalencia política
Hipólito Yrigoyen (1852-1933) fue un radical nacionalista, ambivalente por el apoyo a los sectores obreros y a la vez la dura represión a sus huelgas. Estuvo muy presionado durante sus mandatos por la oposición e incluso por su propio partido. Luchó por lograr el sufragio y repudió al fraude del régimen. La crisis entre 1929 y 1930 y la Primera Guerra Mundial produjeron la integración del país a la economía mundial a través del comercio exterior, las inversiones del capital extranjero y la inmigración. La política económica se basaba en la economía agroexportadora, la división internacional del trabajo por la inmigración, la producción de alimentos y materias primas agropecuarias.
Las clases sociales de la época en orden de jerarquía eran: la oligarquía dominante que incluía a los terratenientes e integrantes de la Sociedad Rural y los dirigentes políticos, la clase media conformada en más de la mitad por inmigrantes y el proletariado que incluía a anarquistas y socialistas.
La oligarquía no admitía participación de otros sectores en la vida política y económica. A la vez la clase media marginada pugnaba por tener un espacio social y político. Los obreros primero se dedicarían a las tareas organizativas pero luego se manifestarían a través de huelgas.
En el período de 1870-1877, Yrigoyen se inició en la política en el Partido Autonomista, del lado de su tío Leandro N. Alem. Después comenzó a independizarse políticamente de él y decidió no disolver la Unión Cívica. En 1891 fue elegido presidente del Comité Provincial de la Unión Cívica. Simultáneamente preparó una revolución que estalló en 1905 y, aunque fracasó, lo consagró como dirigente del radicalismo a nivel nacional.
A partir de 1898 la oligarquía presidida por Julio Argentina Roca pudo recomponerse una vez superados los problemas económicos. Yrigoyen impulsó la abstención electoral y el radicalismo se disolvió. No obstante conspiró para reorganizarlo entre 1902 y 1904. Entre 1907 y 1908 ratificó la necesidad de que el estado garantice la libertad electoral.
Entre 1912 y 1916 colaboró en las campañas electorales del radicalismo, porque abandonó su posición abstencionista, tras promulgarse la ley del presidente Luis Sáenz Peña del sufragio secreto, universal y obligatorio.
En 1916, Yrigoyen triunfó por mayoría de votos en su fórmula presidencial junto con Pelagio Luna.
La élite dirigente oligárquica radical estaba conformada por futuros antipersonalistas y un electorado compuesto, en su mayoría, por clases medias urbanas y rurales.
El radicalismo agrupaba a sectores heterogéneos, que no estaban unidos por intereses económicos o situaciones sociales similares, sino por la marginación política y el enfrentamiento con la oligarquía. Ellos eran: hacendados pequeños y medianos de la provincia de Buenos Aires, chacareros y arrendatarios de la zona cerealera, pequeña burguesía de las grandes ciudades del Litoral y de las capitales del Interior, familias desplazadas del poder político, profesionales universitarios y sectores reducidos de obreros urbanos y rurales.
Respecto al comercio exterior, la demanda de carne congelada en 1919 decreció pues Europa ante el conflicto bélico decidió consumirla en vez de volver a importarla. La crisis repercutió principalmente sobre los pequeños y medios ganaderos. Los inversores podían paliarla reduciendo los precios que ofrecían a los criadores. El estado intervenía fijando y regulando el precio mínimo del ganado.
A lo largo de sus mandatos Yrigoyen intentó que el Estado interceda en sectores de la economía como los transportes-ferrocarriles, flota mercante- y la explotación fiscal del petróleo.
Los intereses del exterior estaban divididos: los británicos querían que Argentina importara petróleo por el descenso del consumo de carbón mientras que los estadounidenses se oponían a la nacionalización y aspiraban a la desaparición de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).
Cuando Estados Unidos ingresó a la guerra, los aliados presionaron al gobierno nacional para que rompiera relaciones con Alemania. Sin embargo Yrigoyen mantuvo su posición neutral.
Por otro parte, marginados de la lucha política, los anarquistas se expresaron a través de huelgas.
La política de Yrigoyen para los problemas sociales era ambivalente: Por un lado, querían crear una clase de obreros y pequeños burgueses privilegiados. De ahí impulsó la legislación social para una jornada de ocho horas, descanso dominical y construcción de viviendas económicas para obreros. Paralelamente reprimió a los obreros.
En 1919 se produjo la Semana Trágica por la protesta de los talleres metalúrgicos de Vasena. Ambas federaciones obreras declararon huelga general. Yrigoyen no pudo controlar la situación.
Antes de terminar su mandato, creó la YPF. La FORA del IX Congreso se unió a los comunistas para fundar la Unión Sindical Argentina. Mejoró la situación económica y disminuyó la tensión social. En 1924 los radicales que se opusieron a Yrigoyen crearon el Partido Radical Antipersonalista que contó con el apoyo del presidente Marcelo T. de Alvear.
En 1930 Yrigoyen fue derrocado por José Félix Uriburu y falleció en 1933.
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