Caminar por la calle preocupadas por cómo están vestidas y lo que les pueden llegar a decir, porque hay alrededor un grupo de hombres que pueden llegar a gritarles cualquier barbaridad sexual, estar solas en la calle y estar nerviosas porque simplemente son mujeres y por ende tienen un cuerpo por lo cual pareciera que ellos tienen derecho a opinar libremente sobre él sin saber quiénes y sin su permiso, es una de las situaciones que sufre diariamente la mayoría de las mujeres desde su adolescencia. En algunos casos incluso empieza cuando son niñas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) dos de cada tres mujeres en el mundo son violentadas en algún momento de su vida y el piropo es una agresión verbal y extendida mundialmente.
Una realidad cultural y cotidiana que en algún momento tenía que empezar a debatirse y discutirse y dejar de naturalizarse porque no es algo ni innato de muchas personas del sexo masculino por una cuestión genética como tampoco que las mujeres lo tengan que aceptar por esa razón.
De poner en alerta sobre esta tema es que se basó la campaña “Acción respeto: por una calle libre de acoso”, que se caracterizó en difundir pancartas con frases que suelen decirse cotidianamente en la calle disfrazadas de piropos con el lema “Si te incomoda leerlo, imaginate escucharlo”. Las frases van desde “¿Linda no querés que te acompañe?” hasta “Vení, morocha que te violamos”.
La campaña se hizo del 7 al 13 de abril en Buenos Aires y se colocaron estas pancartas por toda la ciudad. El sitio en Facebook alusivo de la campaña llamado “Acción respeto: por una calle libre de acoso”, que comenzó en esa fecha logró, en poco tiempo, tener casi 40 mil seguidores.
Actualmente no hay una ley en cuanto al acoso callejero, de hecho tampoco era un tema que fuera muy tenido en cuenta. Esta campaña sirvió para visibilizar este problema y que empezara a debatirse y llegar a diferentes medios televisivos. A su vez logró también que muchas mujeres tengan el espacio para animarse a contar su experiencia, que antes no hacían por miedo o por vergüenza.
Culturalmente siempre se les enseñó a agachar la cabeza y seguir de largo e ignorar este tipo de situaciones. De esta forma no se hacen respetar como personas que no tienen porque soportar que un desconocido le susurre sus fantasías sexuales al oído y en muchos casos no sólo quede en este tipo de agresión verbal sino que también las sigan por la calle o directamente lleguen al contacto físico.
Así como no todos los hombres son acosadores tampoco a todas las mujeres tienen porque disgustarles los piropos, pero el eje de la cuestión radica en tener la libertad de poder elegir si una quiere o no recibir un determinado halago.
“Si analizamos el acto de habla, el hombre al emitir esa opinión al pasar, sin esperar respuesta y, sobre todo, no reconociéndola como interlocutora, la ubica en el lugar del tema del mensaje, es decir, el objeto sobre el cual se habla y no la persona a la que se le está hablando. Así como es molesto cuando la gente habla de uno como si no estuviera presente también lo es para muchas mujeres porque tienen la misma sensación de deshumanización. No es violento en sí; a muchas mujeres que no lo piensan tanto les gusta y es perfectamente válido, pero no podemos dejar de oír a las mujeres que están expresando que a ellas les incomoda porque las hace sentir objetos, menos que menos siendo que la situación comunicacional está claramente ubicándolas en ese rol. Si ellas no quieren estar en ese lugar, tienen derecho a decir que no y debe ser respetado”, analiza Verónica Lemi, la creadora de la página de Facebook “Acción respeto, por una calle libre de acoso”, quien es traductora freelance y enseña español y se define como amante de la linguística.
También, aunque parezca una paradoja, el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri, repercutió con sus desafortunados dichos respecto a la mujer y los piropos, en que se le de visibilización a esta problemática. En el marco de la discusión por el tema, el señor manifestó su postura, al decir: “a cualquier mujer le gusta que le digan piropos, aunque le digan que lindo culo que tenés, y a la que diga que no, no le creo. A las mujeres les gusta esta cosa nuestra de halagar, piropear, que no tienen los escandinavos, en eso somos más parecidos a los tanos”.
Luego de las duras críticas debido a que es una punto de vista generalizador, ultra machista, donde el no es no que tanto luchan las mujeres para que la sociedad pueda entender prácticamente aparece ignorado debido a que la mujer miente, la cual es la típica excusa que utilizan los violentos y abusadores para justificar sus actos.
De hecho por lo general cuando mujeres se quejan por recibir estos piropos, la mayoría suele criticarlas diciendo que son unas exageradas o que se quejan porque no le dicen nada porque son feas, cuando en verdad la cuestión pasa por otro lado. En youtube hay un corto llamado hembrismo, que muestra cómo sería la sociedad si fuera al revés, es decir que las mujeres acosen a los hombres. En el video se ve a un muchacho camina por la calle y ellas les dicen desde comentarios halagadores hasta verdaderas barbaridades sexuales y una incluso termina siguiéndolo. Esta inversión de roles es interesante para que los hombres puedan entender cómo se puede sentir una mujer acosada diariamente. Por eso es también interesante que en la campaña “Acción respeto: por una calle libre de acoso”, un tercio de los participantes sean hombres.
La coordinadora de la filial argentina de la asociación internacional Hollaback contra el acoso callejero, Inti Tidball argumentó: “Macropolíticamente, todo comentario sobre el cuerpo de una mujer es violento porque parte de considerar al cuerpo de ella como propiedad pública”.
Lo crucial es analizar el contexto de donde es dicho el piropo y quién lo dice, debido a que el eje debería estar en el respeto hacia el otro.
Es un largo camino hasta llegar a que se le da la importancia adecuada a un tema que fue tantos años silenciado pero ya empezar a ver que existe y debatirlo, es un gran paso.