lunes, 19 de mayo de 2014

El dolor es inevitable pero no el padecimiento

“Alejandro llegó al consultorio una hora después de haber cortado conmigo. Era un hombre joven, de aproximadamente cincuenta años, sin embargo su aspecto era el de alguien mayor, ya cansado de vivir. Su barba estaba descuidada, su apariencia algo desalineada y un gesto de extrema tensión le contraía el rostro”, fragmento del Habitante del horror.
“-R: ¿Qué es lo que le entendiste Ayelén?. Ahora deja que las lágrimas le mojen la cara sin pudor. Ya nada queda de su enojo inicial. Tan sólo una profunda tristeza y un enorme dolor. A: -Que me escondía, que le daba vergüenza mostrar…-se angustia. R: -¿Mostrar qué?- A: Esto que soy”, fragmento de diálogo entre Rolón y su paciente Ayelén en La mirada del otro.
“Horacio era un hombre inteligente pero a veces una enorme sensación de culpa lo invadía y lo obnubilaba. Cuando atravesaba esos procesos parecía deteriorarse. Su aspecto era el de alguien mucho más grande, abatido y descuidado”, fragmento de Vivir sin deber.
“Cristian: Me calentaba tanto. Era tan joven, tan linda y yo vivía alzado con ella. Me volvía loco. No sé si es la edad o qué. Pero la cuestión es que me mandé y cuando estaba por tocarla. Rolón: ¿Qué pasó?. C: Entró de golpe mi viejo, hecho una furia. Me agarró del cuello, me apretó contra la pared y me sacó a trompadas del baño. Él nunca me había pegado antes pero estaba descontrolado. Casi me mata”, fragmento de Desear al límite.
“Sus ojos estaban rojos. Hacía un esfuerzo enorme por contener el llano y su voz era apenas audible. Lo vi debatirse con su angustia durante algunos minutos, en silencio, hasta que por fin pudo hablar. Estebán: ¿Te das cuenta?. El momento que tanto temía llegó. Rodrigo me dijo que yo no soy su padre”, Fragmento de La voz del amor.
“Como pudo verse, trabajar con Débora era díficil. Por un lado tenía un sentido del humor exquisito, era lúcida y ocurrente, pero por otro, esa actitud suya de querer seducir todo el tiempo, su posición de mujer fatal a la que le costaba ponerle coto aún en el contexto de análisis, la volvía un paciente especialmente complejo”. fragmento de el placer de ser la otra.
“Julio: Es que- se interrumpe- hace una semana me peleé con un paciente. R: ¿Tuvo una discusión fuerte?. J: Ojalá hubiera sido eso, pero la verdad es que casi me cago a trompadas con un hombre que lleva cinco años atendiéndose conmigo”, fragmento de Amar con locura.
Alejandro, Ayelén, Horacio, Cristian, Estebán, Débora y Julio serán los protagonistas de las historias del nuevo libro de Gabriel Rolón “Historias inconscientes, (vidas al límite)” de editorial Planeta. Estos personajes son los pacientes que fueron atendidos por el psicoanalista y autor de la obra.
El escritor cuenta estos casos verídicos, que por supuesto son narrados bajo el consentimiento de los pacientes, y al finalizar cada historia terapeútica realiza abordajes sobre distintos temas del psicoanálisis, como: la palabra en psicoanálisis, la transferencia, inconsciente y repetición, en el comienzo fue el sexo, el deseo del reconocimiento, mascaradas de la histeria y la identificación.
En el 2007, Rolón publicó “Historias de diván, nueve relatos de vida”, donde relató encuentros de él y sus pacientes y luego le siguió en el 2009 “Palabras cruzadas, del dolor a la verdad”. Luego se alejó un poco de este tipo de escritura y escribió “Medianoche en Buenos Aires”, que es un relato musical y “Los padecientes”, una novela policial. Su último libro:  ”Historias inconscientes, vidas al límite” se plantea como desafío contar historias de pacientes que afrontan situaciones límite.
Como bien anticipa la contratapa del libro, en estas páginas se transitarán las adicciones, la discapacidad, el incesto, la mentira, la culpa, una histeria grave y suficiente, y un amor desmesurado al borde mismo de la locura.
“El dolor es inevitable pero no el padecimiento. Y esa diferencia es la que hace que cada día vuelva al consultorio” señala Gabriel Rolón , y es lo que se plantea que logren los pacientes de “Historias inconscientes,(vidas al límite)”.
Me pareció un libro muy interesante debido a que aborda temas extremadamente complejos, con lo que es imposible no sentir empatía que no se da necesariamente por haber vivenciado una situación similar sino por el grave grado de vulnerabilidad de los protagonistas.
Se pueden leer centenares de textos que narren estas problemáticas pero no hay mejor forma de entenderlas y sentirlas que leyéndolas de las propias víctimas pero no desde el lado del descarnado dolor sino desde el aprendizaje y en algunos casos, la superación.
Los conceptos teóricos también ayudan a poder entender las situaciones con las que tienen que lidiar y por qué tienen determinado accionar.
De todos modos admito que el libro me dejó con ganas de más. A lo que me refiero, es que cada historia es tan interesante en sí misma que podría ocupar un libro entero y uno quiere ahondar más profundamente en la vida de los personajes.
Gabriel Rolón es uno de mis escritores favoritos y este particularmente me parece un gran texto que vale la pena leer. Ojalá que no sea el último inspirado en casos clínicos, como él señaló en el prólogo.

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